En dirección a las Burgas, recorremos la que fue Calle de el Progreso, antigua carretera de Villacastín a Vigo , paralela al río Barbaña, punto de arranque del moderno Ourense.
Vamos a las Burgas para encontrar el singular elemento, decisivo sin duda para que el romano se asentase en este lugar . Tres fuentes cálidas, potables y termales, que antaño discurrían libres por un regato hoy transformado - canalizadas las aguas - en la calle de las burgas.

Las aguas medicinales, o simplemente cálidas, nos han transmitido a lo largo de los siglos el testimonio de su presencia: Y Calpurnia Abana, dama de la Galicia de Roma, entró en la historia por haber ofrecido un
ara votiva a las diosas ninfas de las Burgas de Ourense.
La Burga de Abajo, la más caudalosa, tiene fachada de mediados del siglo XIX; a su derecha, el Fervedeiro… Y la más pequeña, la Burga de Arriba, en la calle de las Burgas
En cualquier época del año, temperatura y caudal de las aguas permanecerá inalterada…
70 grados centígrados, y 300 litros por minuto. La leyenda quiere que el agua de las Burgas nazca precisamente bajo la imagen del Santo Cristo, en la Catedral, y que el agua sea calentada por un volcán que algún día entrará en erupción sepultando la ciudad.
Hemos visto los elementos que influyeron en el nacimiento de la vieja Ourense… Que fue corte de un Rey suevo… Destruída por los árabes en el siglo VIII; restaurada por el Rey Casto Alfonso II, y vuelta a destruir. Reconstruída por Alfonso III el Magno, Rey de Asturias… Arrasada por los normandos, y restaurada por fin por Sancho II y su hermana Doña Elvira.
Visitamos la ciudad antigua entrando por el Jardin o Campo del Posio… Dividido al construir la carretera ya varias veces mencionada, sigue siendo el gran jardín orensano en el que la fuente de Oseira o los monumentos a Lamas Carvajal y Prado Lameiro tienen lugar de honor.
Camino del centro de la ciudad, encontramos el Instituto por excelencia, Instituto Otero Pedrayo, de finales del siglo XIX. Aquí impartió clases el ilustre polígrafo ourensano.
La Iglesia de la Trinidad es la más antigua de las parroquias de Ourense. Fundada en el siglo XII, fue en su origen abadía, tuvo hospital de peregrinos y una amplia zona de influencia.
Destaca su ábside poligonal, del siglo XVI, hacia la avenida del Padre Feijoo, y su fachada - entre dos torres cilíndricas - con aire de fortaleza, hacia la calle del Villar. Es notable su atrio con crucero, al que da la portada plateresca del antiguo hospital de peregrinos (hoy, casa rectoral) y la renacentista del Hospital de San Roque (del siglo XVI).
En la plaza de igual nombre, Capilla de los Santos Cosme y Damián, fundada en 1521, y en cuya fachada figuran los dos santos, con las piernas en un cepo, recogiendo el alimento que el ángel les trae. En esta capilla se alberga el Belén popular de Arturo Baltar.
Llegamos ya a la Plaza Mayor.

En tres de sus lados,
soportales de los siglos XVII, XVIII y XIX. Presidiéndola, la Casa Consistorial, edificio del pasado siglo, si bien con importantes modificaciones posteriores. Los balcones, de hierro fundido, tienen las armas de la ciudad.
La Plaza Mayor, es el centro en el que confluyen las más genuinas calles del Ourense antiguo.
Y, en el siglo XIX, - como dijo Vicente Risco - fue el cerebro y el corazón de la ciudad.
En una de las esquinas de la Plaza,
Iglesia de Santa María "La Madre", y Museo Arqueológico Provincial.
Por una escalinata del siglo XVII - renovada en el XX - se accede a la Iglesia de Santa María. Santa María "La Madre", fue erigida en 1084 por el obispo Ederonio, aunque reconstruida totalmente en 1722. Adosada al antiguo Palacio Episcopal, este sufrió el derribo de su torre para la ampliación de la iglesia.
Barroca, con planta de cruz latina, tiene en su fachada ocho columnas de mármol, que se suponen restos de la antigua Basílica de los suevos, del siglo VI. Ello dio lugar a la creencia de que pudiera ocupar el mismo lugar de la vieja catedral sueva. Pero sólo fue Catedral en tanto no se ejecutaban las obras de reconstrucción de la Basílica ourensana.
Encima de la puerta del brazo norte, se conserva la
Lápida del siglo XI, colocada por el obispo Ederonio con motivo de su erección. Y junto a ella, otra correspodiente a la reedificación del siglo XVIII.
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